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Del porqué los catalanes somos antipáticos: las balanzas fiscales (I)

Del porqué los catalanes somos antipáticos: las balanzas fiscales (I)

El jueves pasado, 29 de noviembre, la Fundación BBVA publicó un estudio sobre la contribución de las Comunidades Autónomas a la Administración Central del Estado. El resultado no complació a las llamadas “fuerzas progresistas catalanas” (es decir, todas menos el PP) que están utilizando el argumento, desde antiguo, que “Catalunya es la comunidad que más colabora a las arcas del estado y recibe menos a cambio” como punta de lanza para sus soflamas independentistas. No debió ser muy del agrado de dichas fuerzas comprobar que la comunidad autónoma de Madrid es, con más del doble que la catalana, la principal perjudicada con referencia a su contribución a la hacienda pública estatal. Valencia y Baleares son las otras dos comunidades autónomas cuyos ciudadanos aportan más de lo que reciben del Estado. Entre los territorios más insolidarios con el resto de comunidades autónomas se encuentran Euskadi y Navarra.

 

 

Entiendo que el resultado del trabajo de la Fundación BBVA debería molestar mucho a los ciudadanos de la comunidad madrileña, lo de siempre a los de la comunidad catalana y un poquito menos que los madrileños debieran estar valencianos y baleares. Pero no fue así. Por la tarde, en el Congreso de los Diputados se produjo un hecho que me hizo reflexionar al respecto del porqué los catalanes somos tan antipáticos al resto de nuestros nacionales. Se discutía la renovación del convenio económico que regula las relaciones entre Navarra y el Estado. La única queja, fue la del diputado de ERC, Joan Puig –aquél que montó el show de la piscina de Pedro J. Ramírez- que plañía de manera vehemente el maltrato que se propiciaba a Catalunya y la insolidaridad Navarra, poco menos que llegando al insulto con dicha Comunidad. Escuchando la arenga de su señoría y la respuesta airada de los representantes navarros que casi acaba con una cita navajera en los aledaños del Congreso, no podía pensar que el ínclito Joan Puig votase a favor de la renovación del convenio económico de Navarra. Con su actitud el republicano había cabreado no solo a navarros y administración central, sino a los catalanes y, muy especialmente, a los militantes de su propio partido. Ahí se labra la antipatía de los catalanes que, ni pagando a los que apoyas, caes simpático.

2 comentarios

Para gaia07, simpática como unas castañuelas -

...y nosotros todavía seguimos mirándonos la identidad cerca de nuestro ombligo... ;-)

gaia07 -

Está claro que las actitudes hostiles y folloneras se ganan la antipatía de todo el mundo.
Sin embargo también queda claro que los catalanes, folloneros o no, son capaces de conseguir aquello que se proponen con su esfuerzo, con ayuda o sin ayuda, pero claramente con visión de futuro. Y también el resto de regiones no dejamos de reconocer, que antipáticos o no, nos han abierto muchas puertas en el mundo, deportes, modas, cine, finanzas, mercados…